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La Zaragoza de la Miel

“Aquí estamos trabajando en la creación de un nuevo hábito religioso cultural: la festividad de los Santos Inocentes, o La Zaragoza, incorporando a toda la población sin distingo de edades o clases sociales”. De esa forma explica el profesor Carlos Luis Colmenárez las actividades del 28 de diciembre cuando se conmemora la fecha en que Herodes ordenó la eliminación de todos los niños al ver frustradas sus intenciones de localizar al Niño Jesús.
En La Miel, La Zaragoza se realiza de una manera diferente a como se hace en Sanare pues en la población del municipio Simón Planas todo está basado en los infantes.
Explica Colmenárez que Zaragoza es un vocablo israelí traducido al latín y luego al español.


En la festividad todo tiene su significado, en especial los colores de los disfraces y de la bandera que porta el capitán abanderado.
El amarillo representa la celebración, que en este caso ellos denominan “zaragocear” y el morado por los niños muertos por las tropas de Herodes.

En la primera edición de Los Zaragozas en La Miel, participaron 600 niños, adolescentes y adultos y para esta semana ya estaban inscritos unos 700 pues se hizo un trabajo en escuelas y liceos que dio buenos resultados.
“Es muy positivo que los estudiantes de escuelas y liceos se incorporen a la festividad pues así se le da más vida a esa tradición religiosa”, manifestó Carlos Luis Colmenárez.
En esa gesta están involucrados todos los miembros de la familia: Carlos Luis padre, doña Julia Pérez de Colmenárez, quien dirige todo lo que se refiere a disfraces o trajes, hijos e hijas, nietos, sobrinos…
Hasta el otro Carlos, en cuyo nombre se dio origen al “zaragoceo” en La Miel como promesa por su recuperación luego de un accidente que por poco lo deja inválido.
Aclara el capitán abanderado de La Zaragoza de La Miel que allí todos los disfraces están dedicados a los niños; no se permiten diablos o máscaras terroríficas y si se sorprende a alguien portándolas se ordena su retiro y se le entrega una acorde con la ocasión para que pueda continuar.
“Todos los niños llevan máscaras llamadas cariticos y durante la procesión, con la imagen del Divino Niño en primer plano, se entonan cantos religiosos, décimas para conmemorar la matanza y suenan los cascabeles”, indica el docente.
El 27, la bandera que se ha guardado celosamente desde el año anterior, se le entrega al capitán, quien debe llevarla durante la procesión del 28, que arranca en la casa familiar de los Colmenárez hacia la iglesia de la población y luego de recorrer unas cuantas cuadras termina con música en el estadio de béisbol.
Cortesía del diario El Impulso

Escrito por Hugo J. Boscán